Más paro juvenil y más trabas a las prácticas y la inserción laboral

España lidera de nuevo el paro juvenil en Europa y la pandemia empeora las perspectivas de inserción laboral y de conseguir prácticas en empresas

La pandemia ha castigado especialmente, en lo social y lo laboral, a los jóvenes en disposición de incorporarse al mercado laboral, que buscan un trabajo. España sigue siendo el país con más paro juvenil de la Unión Europea, con el 39,9% de los menores de 25 años en desempleo, según datos de Eurostat. Es decir, España tiene casi 588.000 de jóvenes en paro, una relación mucho mayor que la situación media de la población de otras edades, aunque el paro está golpeando más fuerte que antes del coronavirus en todos los tramos.

Desde USO, instamos al Estado a apoyar el empleo juvenil: a facilitar el fin de sus estudios fomentando unas prácticas curriculares de calidad y a mejorar las condiciones laborales existentes, incentivando a las empresas a su contratación. Esta es la única forma para favorecer que todos aquellos estudiantes preparados permanezcan en España y generen beneficios y riquezas para el país.

Contrato de formación dual universitaria

El 1 de enero, se activó el contrato de formación dual universitaria, pensado para trabajar y realizar los estudios universitarios al mismo tiempo. Este tipo de contrato es más común en la formación profesional que en la universitaria; sin embargo, es otra herramienta que pretende favorecer la inserción laboral.

El contrato está regulado en el punto 11.3 del Estatuto de los Trabajadores: “El contrato para la formación dual universitaria, que se formalizará en el marco de los convenios de cooperación educativa suscritos por las universidades con las entidades colaboradoras, tendrá por objeto la cualificación profesional de los estudiantes universitarios a través de un régimen de alternancia de actividad laboral retribuida en una empresa con actividad formativa recibida en el marco de su formación universitaria, para favorecer una mayor relación entre este y la formación y el aprendizaje del trabajador (…)”.

Aún no hay estadísticas representativas de la aplicación real de este contrato de reciente implantación. Las clases en remoto y “buscar teletrabajo” tampoco ayudan a compatibilizar ambos aspectos, el académico y el laboral.

El fracaso de la Garantía Juvenil en la lucha contra el paro

La plataforma Garantía Juvenil es un proyecto europeo respaldado por el Ministerio de Trabajo que vela por ofrecer cursos formativos, convocatorias de autoempleo, ayudas en la contratación y una transformación de políticas para facilitar la inserción en el mercado laboral a los jóvenes de entre 16 y 30 años. Deben residir en España y no estar trabajando ni por cuenta ajena ni propia. Tampoco deben estar realizando ningún tipo de formación.

Este programa, en el que se encuentran inscritas 1.965.132 personas, ofrece también oportunidades de empleo en el entorno europeo y empleos para personas con algún tipo de discapacidad.

Una buena idea con muy mala gestión por parte de las administraciones con competencias en ella. Ayuntamientos, diputaciones, comunidades autónomas… no están trabajando en la Garantía Juvenil. Todos ellos están dejando de lado a esos casi dos millones de jóvenes: no se están ofertando los itinerarios formativos y de empleo, tal y como requiere Bruselas, y no revierte en una lucha efectiva contra el paro juvenil.

Por ello, la Garantía Juvenil, un proyecto motivador como era en su origen, en España se ha aplicado mal desde el principio y ese enfoque sigue sin corregirse en muchos sitios. Quienes lo ejecutan, en última instancia, son los ayuntamientos. Y estos, en función de su apuesta o no por la Garantía Juvenil, lo desarrollan mejor o peor, mucho o nada.

Descenso de las prácticas universitarias

Al inicio del curso 2020/21, USO se puso en contacto con el conjunto de las universidades públicas y privadas, 83 en total, para analizar las consecuencias que la pandemia había provocado en las prácticas curriculares y extracurriculares.

Aunque muchas de ellas no contaban con datos concretos, la percepción general era que la oferta de prácticas también había sufrido un descenso importante por el confinamiento. Las carreras más perjudicadas eran las dedicadas a la educación, la sanidad y las relacionadas con la investigación.

Muchos de estos estudiantes se quedaron a las puertas de completar sus prácticas curriculares. Hoy por hoy, no son una opción, sino una asignatura obligatoria, imprescindible para finalizar y validar el grado universitario.

En algunos casos, les permitieron convalidar las prácticas por trabajos compensatorios que cumpliesen con los créditos de la asignatura. Sin embargo, a efectos prácticos, la realización de esta asignatura no solo suponía una nota más, sino que también ayudaba a adquirir los conocimientos que no se imparten en las aulas, como ocurre con los estudiantes de Medicina, Enfermería o grados de laboratorio como Farmacia.

Esta carencia discrimina a los estudiantes que terminaron sus carreras el curso pasado y les complica aún más su inserción en el mundo laboral.

En 2021, la oferta de prácticas universitarias sigue cayendo

La Universidad Politécnica de Valencia, que presenta datos actualizados, nos muestra un panorama desolador para los estudiantes que buscan sus prácticas curriculares. Como balance del curso 2019/20, ya nos alertaban de que contaban con un 40% menos de ofertas de prácticas. Según datos de cierre de año, en 2020 se ofertaron 6.963 plazas en 1.967. Pero en 2021 las posibilidades para el alumnado siguen cayendo en picado: 1.489 ofertas en 715 empresas.

Son datos que muestran cómo miles de estudiantes se han visto perjudicados para finalizar esta asignatura obligatoria y cómo, indirectamente, va a perjudicar a los 1.633.358 estudiantes que se matricularon en el Sistema Universitario Español en el curso 2020/21.

Con el retorno de la educación presencial, muchas de estas prácticas en el entorno sanitario y de investigación se han retomado. En el caso de las empresas enfocadas a la tecnología, lo económico y lo social, varias han tendido a ofrecer estos puestos en remoto, de tal forma que gran parte de los estudiantes que están finalizando sus estudios lo han hecho teletrabajando desde casa.

A pesar del avance de este nuevo método de trabajo y del reinicio de la actividad en los hospitales y laboratorios, el cierre de muchas empresas y la reducción de plantilla han provocado que igualmente el número de prácticas curriculares disminuyera.

Teletrabajo, teleprácticas

Una de las ventajas del teletrabajo es que ha permitido que muchos estudiantes adelantaran sus prácticas curriculares al primer cuatrimestre, simultaneando las asignaturas correspondientes con estas prácticas y acabando antes este periodo laboral y académico. Esto les permite acceder a las horas de prácticas extracurriculares u otros métodos formativos de cara al futuro.

En España, el número de estudiantes que acaban sus grados universitarios cada vez es mayor. Sin embargo, las condiciones laborales y el número de ofertas no crece de igual forma. La escasa y muchas veces precaria oferta laboral para jóvenes universitarios está descompensada con el elevado número de personas con estas capacitaciones.

Ante el paro juvenil, riesgo de una nueva “fuga de cerebros”

España corre el riesgo, cuando se normalice la movilidad y se abran las fronteras, de una nueva fuga de cerebros a otros países, como ya ocurrió con el personal sanitario que se formó en las universidades españolas y que ha luchado contra el coronavirus en hospitales británicos, italianos o alemanes, mientras aquí las bolsas de profesionales se agotaron al estallar la pandemia.

Según el VII Informe Young Business Talents, el 82% de los jóvenes universitarios se plantea irse de España para encontrar un empleo. Con la crisis del covid-19, la preocupación por el futuro laboral ha aumentado casi un 10% entre la juventud. Del 34% en 2019, ha escalado al 43,3% actual.

La situación de crisis laboral también se ha visto reflejado en el número de personas que ni estudian ni trabajan. La cifra de estos jóvenes ha aumentado desde 2019 2,7 puntos, subiendo hasta el 17,3%. Aquellos jóvenes que perdieron su empleo tras el estado de alarma no han seguido formándose o buscando trabajo. Los motivos pueden ser varios: desde contar ya con una sobrecualificación al hartazgo de la falta de ofertas o, incluso, a las crecientes secuelas psicológicas que está dejando la pandemia.

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